¿Cuál es el mejor ejercicio para ti? La pista está en tu sangre

Los investigadores ahora extrajeron los registros de 654 hombres y mujeres que habían participado en el Heritage, abarcando un abanico de edades y etnias, y comenzaron a examinar a fondo su sangre. Se centraron en la variedad de moléculas proteicas grandes y complejas que se crean en los tejidos de todo el cuerpo y que, cuando se liberan en el torrente sanguíneo, fluyen y ponen en marcha procesos biológicos en otros lugares, afectando al funcionamiento de nuestros cuerpos.

Utilizando herramientas moleculares de última generación, los científicos empezaron a enumerar el número y los tipos de miles de proteínas en el torrente sanguíneo de cada una de las 654 personas. A continuación, tabularon esas cifras con los datos sobre la aptitud aeróbica de cada uno antes y después de sus cinco meses de ejercicio.

Y surgieron patrones claros. Los investigadores descubrieron que los niveles de 147 proteínas estaban fuertemente asociados a la condición física inicial de las personas. Si algunos de esos números de proteínas eran altos y otros bajos, los perfiles moleculares resultantes indicaban el estado de forma de la persona.

Y lo que es más interesante: otro conjunto de 102 proteínas tendía a predecir la respuesta física de las personas al ejercicio. Los niveles más altos y más bajos de estas moléculas —pocas de las cuales coincidían con las proteínas relacionadas con la aptitud física básica de las personas— profetizaban el grado en que la capacidad aeróbica de alguien aumentaría, si es que lo hacía, con el ejercicio.

Por último, dado que la capacidad aeróbica está tan estrechamente vinculada a la longevidad, los científicos cotejaron los niveles de las distintas proteínas relacionadas con la capacidad aeróbica en la sangre de las personas inscritas en otro estudio de salud que incluía registros de mortalidad, y descubrieron que las firmas protéicas que implicaban una respuesta de menor o mayor capacidad aeróbica también significaban vidas más cortas o más largas.

En conjunto, los resultados del nuevo estudio sugieren que “las herramientas de perfiles moleculares podrían ayudar a adaptar” los planes de ejercicio, afirmó Robert Gerszten, profesor de medicina de la Facultad de Medicina de Harvard y jefe de medicina cardiovascular del Centro Médico Beth Israel Deaconess, que dirigió el nuevo estudio con su autor principal, Jeremy Robbins, y otros.

Una persona cuya firma protéica en el torrente sanguíneo sugiera que podría ganar poca forma física con una rutina estándar y moderada de caminata, ciclismo o natación, por ejemplo, podría ser guiada para realizar entrenamientos de mayor intensidad o de resistencia, dijo Gerszten.


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